¿Alguien ha aprendido las lecciones de la crisis de 2008?

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Publicación original: 04/05/18 | Publicación en EFB: 04/05/18 | María Jesús Soto

¿Alguien ha aprendido las lecciones de la crisis de 2008?

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Cuando estamos a punto de cumplir los 10 años del estallido de la crisis financiera más grave desde el 29, la realidad diaria nos hace pensar que pocos han aprendido las lecciones, que deberían haber quedado grabadas a fuego en los particulares, la banca y los gobiernos, entre otros.

Los economistas repiten día sí y día también, que en la actualidad tenemos más deuda en el mundo, que la que había antes de 2008. Recordemos que todo estalló cuando en EEUU dejaron de pagarse los préstamos hipotecarios y con ello se contagió todo el mercado financiero mundial. Quiebras de bancos, países, empresas y familias fue la consecuencia directa, cuyos efectos aún seguimos pagando e incluso me atrevo a decir, que lo pagarán las generaciones que vienen detrás.

A esa tormenta perfecta, se le ha sumado en esta ocasión, la irrupción de la tecnología, que está cambiando el mundo de tal manera, que nadie sabe muy bien hacia donde caminamos, 10 años después de lo que seguro será considerado durante décadas, el detonante de todo lo que está por venir.

Desde el punto de vista político, los populismos han llegado con fuerza y aunque no están en el poder, están provocando convulsiones en los gobiernos de no pocos países relevantes. El principal problema que están generando es el aumento del déficit, lo que pone en riesgo serio las cuentas de muchos países, si los crecimientos económicos empiezan a flaquear. Algunos economistas se atreven a afirmar tajantemente, que muchos países están al borde de la quiebra. Mientras tanto, en España el Gobierno sigue comprometiendo gasto improductivo para seguir en el poder y Bruselas alerta de incumplimiento de los objetivos de déficit. Todo esto nos confirma que los Gobiernos no han aprendido la lección de la crisis de 2008, ni han hecho los deberes que el presidente del Banco Central Europeo les propuso, de que hiciesen reformas estructurales mientras él se ha dedicado a “fabricar dinero” como nunca en la historia. Las consecuencias las pagaremos todos los ciudadanos, antes o después.

La otra realidad, también alarmante, es que de nuevo se vuelve a hablar de posible burbuja inmobiliaria en algunas regiones o países y que el Banco de España está temeroso de que los bancos están concediendo mucho crédito al consumo, posiblemente relajando las garantías. Con esto llegamos a la conclusión de que muchos ciudadanos y entidades bancarias, tampoco han aprendido nada. Aquellos que pidan créditos que no pueden pagar, terminarán siendo embargados y los bancos que contaminen su balance de forma irresponsable, puede que terminen desapareciendo. En ambas situaciones, la responsabilidad será de quienes toman las decisiones erróneas y las ejecutan sin pensar en las futuras consecuencias, que son realmente previsibles.

Los inversores, están buscando desesperadamente rentabilidad, lo que les está llevando en muchos casos, a olvidar sus perfiles de riesgo y echarse en manos de quienes les prometen “el dorado”, sin ningún rigor en la estrategia, sino simplemente alimentando la ambición y el desconocimiento del inversor desinformado. Ahora más que nunca hay que saber en quién y en qué entidades confiar, que son las que tienen los intereses directamente alineados con los clientes, no enfrentados. Las entidades bancarias que no cotizan en bolsa y llevan décadas preservando el patrimonio de sus clientes, tienen realmente ventaja sobre el resto.

Finalmente la educación financiera, que si bien se ha popularizado mucho, lo cierto es que para muchos inversores y familias, se ha limitado a creer que porque son capaces de entender algunas noticias económicas, ya saben más que los reputados economistas o experimentados gestores. La educación financiera de las familias debe pasar por saber hacer un presupuesto cada año y cumplirlo, no gastar más de lo que ganan, guardar para el futuro y elegir a los profesionales que les ayuden a cuidar de sus patrimonios. Esta sana práctica económica y financiera en la familia, debe llevar a educar a los niños y jóvenes con los conocimientos que les permitan tomar decisiones económicas y financieras que les beneficien, además de la inestimable ayuda del ejemplo de lo que ven en su casa.

Como vemos, muchos retos y muchas cuestiones, que harán permanecer a flote a quienes las pongan en práctica correctamente, mientras que en la próxima tormenta, hundirá a quienes no hayan aprendido las lecciones de la crisis de 2008.

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